Sucedió lo que no debía suceder. Al menos cuando me llegó el momento de tomar una decisión ahí estuve. Sentado en una silla, frente a una ventana con persianas que dejaban entrever un hermoso atardecer naranja, mirando hacia dentro todos esos largos años de tanto esfuerzo y dedicación.
Porque después de todo lo que sucede solo quedan como pequeñas migajas de un pasado incierto cargado de hermosos y tan religiosos momentos, situaciones, vivencias y un sinfín de experiencias que uno jamás podrá borrar.
Justamente hoy, retrocedí un mes y medio atrás para recordar esa hermosa semana, sonrisas, desvelos, charlas, algunas marcas, lugares, olores, canciones…
Es lindo quedarse con los recuerdos bellos, pero también es bueno reflexionar a veces si ese todo pudo ser algo más.
Hoy me encuentro de nuevo viajando, y esta vez no estoy buscando absolutamente nada. Viajo porque mi vida así se decidió. Viajo porque soy el hijo que un día dijo: “Voy a conocer el mundo un poquito ma!”.
Hace días atrás me dijeron: “Es realmente cierto todo lo que escriben allí”. Yo solo respondí con una sonrisa.
Me he dado cuenta que el ser humano solo cuenta o prefiere contar aquello que no le comprometa en absoluto. Cuenta desde el punto de vista superado/a. Cuenta que le conviene a un público “x” omitiendo detalles o inclusive verdades. La ciencia ficción te queda muy bien te podría decir, lástima que ese guion ya se usó antes.

Comentarios
Publicar un comentario