Ayer sentado en la oficina me di cuenta que casi nunca respiro. Fue interesante como llegué a la conclusión de que siempre estoy tan ajetreado por los demás que hasta me olvide mi campera.
En un momento me quede paralizado viendo como un perro se metía en la oficina con alfombra color gris. Sí, un perro.
Y en ese momento exhale todo lo que traía de los días pasados y también la semana. No en forma de pensamientos enredados y sin salida. Solo entendí que a veces las cosas no salen como uno quiere.
Y es allí donde debemos aprender sobre todas las cosas aprendidas, a soltar.
Soltar, un amor, una mascota, un trabajo, una ciudad, un país, un amigo/a, etc. El punto es entender que no somos indispensables a todo momento del día.
A veces y tan solo a veces nos vamos a encontrar con dificultades inmensas en donde la razón y el individuo rojo estereotipado que llevamos dentro se funde en una lucha infinita por el poder de la decisión final.
Entendí que, si el perro estaba bárbaro y la gente trabajaba sin prestarle mucha atención, por que no relajar y dejar que fluya con total armonía y responsabilidad.
Viaje mucho como para no disfrutar y sobre todo seguir enganchado en una idea que no tiene destino final.
Caminando de regreso a casa, las ideas cambiaron y todo se tiño diferente.
Sí, había completado mi día y mi objetivo se había cumplido.
Solo me faltas tú 😊

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