En las fiestas decembrinas siempre me pasan muchas cosas por la cabeza. Pienso, calculo, respiro y sigo pensando. Y es que a cada cosa le doy una vuelta de rosca tratando de imaginar diferentes escenarios posibles.
Me paso por muchos estados de ánimos. Siento pasar la vida y el tiempo de un modo completamente diferente al resto del año. Es como si todo sucediera de una manera más lenta.
A fin de cuentas, las cuentas claras quedan entre mis hermanos y yo, pero siempre algo pendiente queda en nuestras reuniones.
Todas las noches me invaden recuerdos y se me dificulta poder dormir; continuar al día siguiente es casi como un tormento, sin embargo, al pasar las horas, los días, todo se vuelve pasajero, como yo.
Porque cada vez que voy a Corrientes soy un turista más. Soy como un pasajero en transe hasta recuperar mi vida en el punto en donde la deje.
Algo de esto y muy similar me había pasado hace unos años, ya que por 4 años estuve lejos de Argentina.
Es esa sensación que te abraza tan fuerte recordándote que te quedaste en el tiempo. Y aun así sabes, muy adentro tuyo, que jamás vas a volver a ese momento. Porque por más que lo intentes, las canas ya están presentes, las arrugas ya se formaron y las personas que antes estaban ya no están.
Esta fue la parte más fuerte y difícil que tuve que afrontar al pasarme casi más de 15 años lejos de mi familia.
Duele, pero también fue hermoso el viaje mientras duró.
Entonces, si seguiré siendo un viajero en el tiempo no lo sé. Solo quiero que todo transcurra un poco más lento y poder disfrutar de los momentos que quedan, mientras estén las personas que quiero.

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